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Hay un texto de Sigmund Freud que fue publicado en 1916 con el título Vergänclichkeit en su alemán original. En una primera traducción al francés fue titulado L´éphèmera demure, según algúnas obras, o Ephémère destinée según otras; cuya traducción respectiva sería Efímera morada o Efímero destino. Este título sería modificado para quedar establecido como Passagèreté, Lo pasajero. En español también lo podemos encontrar nominado como Lo perecedero.

Heterónimos títulos entre los que rescato la antinomia que supone colocar al destino, una fuerza inevitable que según algunos piensan actuará  irremediablemente sobre las personas y los acontecimientos, junto al adjetivo efímero, que lo pone todo en duda.

En su ensayo, Freud remora un paseo estival junto a un joven poeta que admiraba la belleza de la naturaleza en su esplendor veraniego al tiempo que desconsoladamente manifestaba su tristeza por la perdurabilidad de la situación. Ante estas reflexiones, la amargura es una posibilidad, pero también es posible la rebeldía, la que supone un disfrute aún más elevado de aquellas manifestaciones creativas que están destinadas a perecer. Hace un siglo lo efímero de la belleza podía llevar al poeta a la tristeza, hoy apenas caemos en la cuenta de que lo momentáneo es un valor per se. El poeta, Rainer María Rilke, murió con apenas 51 años, en su epitafio está escrito:

Rose, oh reiner Widerspruch, Lust,
Niemandes Schlaf zu sein unter soviel
Lidern.

Rosa, oh contradicción pura en el deleite
de ser el sueño de nadie bajo tantos
párpados.

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